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El futuro ya no es lo que era.

“¿Dónde está mi coche volador?”. Esta es la frase favorita de todos aquellos que crecieron en la segunda mitad del siglo XX esperando ver un futuro rutilante de la mano de la ciencia y la tecnología. El espacio era la última frontera y nada nos detendría. Si en 1969 llegamos a la Luna, era natural pensar que en el año 2000 flotas de naves surcarían en el espacio interplanetario. Los viajes turísticos a Marte pronto serían una realidad. Desgraciadamente, el futuro ha tomado otro camino. Todos esos sueños se han convertido polvo, en poco más que material para anécdotas paleofuturísticas. Nada resume mejor esta sensación que la siguiente gráfica de 1966 en donde se predice el número de “vehículos interplanetarios” que pasarían cada año por las estaciones en órbita terrestre y lunar en las siguientes décadas:https://jk221b.files.wordpress.com/2011/01/d0b1d183d0b4d183d189d0b5d0b5.jpg?w=300

Misiones a Marte en la primera mitad de los años 80, estaciones en Fobos a comienzos de los 90 y visitas a Titán en el año 2000. Impresionante. La Humanidad repartida por todo el Sistema Solar. Lástima que casi nada se haya hecho realidad.

La gráfica es obra de Krafft Arnold Ehricke (1917-1984), un ingeniero visionario que formaba parte de los científicos y técnicos nazis liderados por von Braun que fueron trasladados a Estados Unidos tras finalizar la Segunda Guerra Mundial en el marco de la operación Paperclip. Al igual que muchos de los proyectos de von Braun, la exploración del Sistema Solar propuesta por Ehricke recordaba más a la Operación Barbarroja que a una empresa civil. No en vano, Ehricke escribió junto a von Braun el famoso y contundente Das Marsprojekt. Eso sí, el entusiasmo y dinamismo de sus ideas eran impresionantes y ayudarían a inculcar el interés por la conquista del espacio a toda una generación de jóvenes norteamericanos. Su obra más famosa es sin duda Extraterrestrial Imperative, donde se planifica la conquista del Sistema Solar paso a paso. El legado de Ehricke ha sido olvidado, lo que resulta bastante extraño teniendo en cuenta que ayudó a diseñar la Centaur, la primera etapa superior criogénica de los EEUU. Ironías del destino, esta etapa sería la que abriría el camino a la exploración del Sistema Solar por parte de las sondas automáticas estadounidenses.

Está claro que el futuro ya no es lo que era.


Transbordador espacial (izquierda) y base lunar imaginados por Ehricke (fuente).


Un remolcador nuclear (fuente).


Ehricke (izquierda) y Walter Cronkite (fuente).

(vía Nasaspaceflight.com).

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